LIBIA: Acuerdo Trípoli-Haftar para la reapertura de las exportaciones de petróleo. Sarraj lo rechaza todo y corre a cubrirse

(Para Filippo Del Monte)
19/09/20

En Sochi, a orillas del Mar Negro, se llegó a un acuerdo entre el gobierno de Trípoli y el mariscal de Libia Khalifa Haftar, el "rebelde" de Cirenaica, sobre la apertura de las exportaciones de petróleo. El acuerdo, firmado por Khaled Haftar, hijo del mariscal Khalifa, y por el vicepresidente del GNA Ahmed Maiteeq, también fue respaldado por Tobruk.

Es evidente que tal paso también fue posible debido a un "cedimiento" a las demandas de Haftar, quien reclamó en voz alta que se reevaluaran los mecanismos de distribución de las ganancias de la industria petrolera; una de las razones por las que, sin esconderse detrás de quién sabe qué altos ideales, se decidió tomar las armas en Libia.

Fuentes acreditadas del Ministerio de Relaciones Exteriores de Tobruk confirman que no solo todos los puertos del país volverán a funcionar como polos para la exportación de "oro negro", sino que también se estandarizarán los precios y, sobre todo, que los ingresos serán distribuidos por un Comité técnico integrado por representantes de todas las partes en conflicto, incluido Fezzan. Dicho Comité, a más tardar el 31 de diciembre de 2020, deberá informar sobre el trabajo realizado y, en su caso, desarrollar un "plan de negocio" para el año siguiente. El objetivo es que los niveles de producción de petróleo libio vuelvan a la "normalidad" y, por tanto, a los niveles anteriores a la guerra. En este sentido, se destaca que la Compañía Nacional de Petróleo (NOC) también sería objeto de una reestructuración corporativa para asegurar la "transparencia necesaria" en todas las operaciones que se realicen o por realizar.

Según lo establecido en el acuerdo, se invertirán cuantiosos fondos en favorecer proyectos de desarrollo y reconstrucción acorde a las necesidades de los ciudadanos postrados por once años de guerra.

En resumen, el acuerdo prevé: Coordinación entre las dos partes en la elaboración de un presupuesto unificado que satisfaga las necesidades de cada parte, con base en sus estimaciones de gastos, y conciliando las controversias sobre las apropiaciones e insertándolas en su marco final, que se considera vinculante para ambas partes; la supervisión de la transferencia de los fondos asignados en el presupuesto a las dos partes a través del Ministerio de Finanzas según lo acordado en el presupuesto. La transferencia se realiza mensualmente para pagar los salarios. En cuanto a los créditos de los capítulos dos, tres (desarrollo) y cuatro, se transfieren trimestralmente; el compromiso del Banco Central de Trípoli de cubrir los pagos mensuales o trimestrales acordados en los estados financieros sin demora y tan pronto como el Comité Técnico Conjunto solicite su transferencia; supervisar la transferencia de fondos de desarrollo y evaluar los proyectos acordados; garantizar los pagos bancarios y combatir el blanqueo de capitales; encontrar un método para reducir la deuda pública contraída durante la guerra tanto por Tripolitania como por Cyrenaica.

Sin embargo, ya se están acumulando muchas nubes sobre este acuerdo: círculos cercanos al primer ministro de Trípoli, al-Sarraj, así como desde el Banco Central, cuyo jefe Al-Saddiq Al-Kabeer, miembro de la Hermandad Musulmana, se define " terrorista "que niega de facto la línea de" solidaridad nacional "de Sarraj, e incluso al CON.
El ejecutivo de Trípoli, por tanto, apareció desplazado por la maniobra de Maiteeq, vicepresidente pero también referente del complejo mundo financiero y las participaciones libias dentro del gobierno, medible y en buenos términos con las poderosas milicias de la "Esparta libia".

El anuncio de su renuncia a fines de octubre dado por Sarraj en los últimos días puede haber llevado a Maiteeq a acelerar el ritmo al acreditarse a sí mismo como el punto de referencia privilegiado para las contrapartes de Haftarian y Cyrenaic. No se descarta que el regreso a Trípoli del vicepresidente pueda ser muy amargo y que pueda correr la misma suerte que su compañero ministro del Interior Fatih Bashagha; esta vez, el que anotó el punto fue Khalifa Haftar, quien utilizó el control de los pozos de petróleo y las refinerías a lo largo de la costa oriental como opción para "apuntalar" su débil posición militar y, en cambio, fortalecer su potencial de chantaje político contra por Tobruk. El acuerdo de Sochi permite a Haftar (v.articolo) para aparecer como un actor creíble y, sobre todo, del que no se puede ignorar para lograr la estabilización del país.

Queda abierta una pregunta sobre la posición de Maiteeq, que suele utilizar la "diplomacia paralela" para dialogar con lo que en Trípoli todavía se considera, a todos los efectos, un enemigo. En el frente de la lucha interna contra el gobierno de Trípoli, que comenzó con el asunto Bashagha, el futuro aún está por escribir.