Libia: la guerra continúa en silencio

(Para Tiziano Ciocchetti)
18/04/20

Los medios de comunicación italianos se centran en COVID-19 y la próxima cumbre europea, sin embargo, es necesario prestar atención a la guerra civil libia.

En las últimas semanas, tanto el general Haftar como el presidente de GNA al-Sarraj han seguido recibiendo suministros (armas y materiales) de sus respectivos patrocinadores.

El apoyo militar de Ankara permitió a las milicias de al-Sarraj lanzar una contraofensiva (operación Tormenta de paz) que obligó a las fuerzas de Cirenaica a retirarse apresuradamente de las posiciones a lo largo de la frontera con Túnez. Las bajas de Haftar son significativas, especialmente en lo que respecta a los oficiales (muchas bajas fueron causadas por los drones armados turcos Bayraktar TB2).

En estos días también hay combates al sur de Trípoli, donde las milicias siriane de Ankara están infligiendo fuertes golpes a los hombres de Haftar: al-Sarraj tiene prisa por cerrar el juego antes del inicio del Ramadán el 24 de abril.

La credibilidad y el prestigio (por lo que quedaba de ella) de las Naciones Unidas ciertamente deben contarse entre las víctimas de la guerra en Libia.

Ha habido numerosos fracasos en la búsqueda de una solución política liderada por el ahora ex representante especial El Secretario General de las Naciones Unidas, Ghassan Salamè (foto), que renunció a principios de marzo de este año.

Otro no recibido es la Unión Europea, plagada en este momento por la emergencia infecciosa y centrada en mecanismos económicos para salvar (al menos con suerte) las economías de los Estados miembros, parece que está ignorando por completo el teatro libio.

Guardamos silencio sobre el papel de nuestro país por el bien de la patria.

Por otro lado, la Conferencia de Berlín sobre Libia el 19 de enero, con su larga lista de recomendaciones y directivas, constituye la prueba final del fracaso de cualquier iniciativa política que no tenga en cuenta la situación real sobre el terreno.

Hasta la fecha, los principales jugadores en el juego libio son bastante diferentes.

Del lado de Haftar está Egipto al-Sisi, que está reclutando milicianos subsaharianos para luchar contra ellos contra las fuerzas de la GNA; mientras que el sultán Erdogan continúa fortaleciendo el dispositivo militar de Trípoli en virtud de acuerdos recientemente concertados.

Como se sabe, el 27 de noviembre de 2019, Trípoli y Ankara firmaron un tratado sobre las fronteras marítimas, con la fuerte oposición de Egipto e Israel.

Objetivo del Tratado: definir los límites de las ZEE (Zonas Económicas Exclusivas), es decir, los tramos de mar donde Trípoli y Ankara podrán explotar los recursos energéticos; permitir que Turquía brinde asistencia militar si lo solicita el gobierno libio.

Trípoli apoya las ambiciones energéticas de Ankara en el Mediterráneo; Ankara ofrece apoyo político y militar a Trípoli.

Egipto había excluido a Turquía de una serie de reuniones convocadas en 2018 que condujeron al establecimiento del Foro Mediterráneo del Gas en enero de 2019.

Traducido a la declinación de la política exterior de Ankara: Para obstaculizar la explotación comercial de la zona, a fin de obligar a otros países al reconocimiento geopolítico y económico de Turquía en el Mediterráneo Oriental; eludir la falta de reconocimiento del área turca de Chipre; extender su área de influencia a las aguas chipriotas, con la redefinición de las fronteras marítimas, las áreas de exploración, o llegar a un acuerdo; explotar las fuentes de energía libias.

Si la situación de Haftar empeora, no tendrá más remedio que bloquear completamente las exportaciones de petróleo crudo (la principal fuente de sustento de la población libia), causando una grave crisis humanitaria que el gobierno italiano tendría que manejar con pocas posibilidades de limitar las salidas del territorio libio y el final de cualquier política de gestión de flujo.

El aumento en el nivel de violencia del conflicto conduciría a una disminución en la producción de hidrocarburos y al cese de la actividad en varias plantas.

Las fuerzas políticas que se reconocen en el general libio tendrían todo el interés en otorgar los nuevos contratos de exploración y extracción a las compañías de energía de sus principales partidarios internacionales (principalmente Egipto y los Emiratos Árabes Unidos), en detrimento de ENI.

En cuanto a los contratos petroleros existentes, no habría riesgos inmediatos, ya que las actividades de ENI se rigen por contratos internacionales que tienen una duración de entre 2038 y 2043.

Foto: Twitter / presidencia de la República de Turquía