Algunas ideas para combatir la desinformación en las redes sociales

31/05/22

El uso de redes sociales para dirigir, condicionar e influir en un objetivo-sujeto supone que se han identificado una serie de condiciones y elementos, incluidos los objetivos a alcanzar, las modalidades globales de la acción y la dimensión temporal, y que se ha realizado una especie de perfilado, o segmentación, de la audiencia.

Dada la eficacia potencial del uso redes sociales para orientar ideas, opiniones, actitudes, pero también emociones y percepciones subliminales del objetivo-sujeto valdría la pena considerar estos mezzi como uno real sistema capaz de crear -por así decirlo- una realidad alternativa, a veces una realidad paralela o, en todo caso, nuevos escenarios.

En el momento en que la construcción de representaciones alternativas de la realidad se inicia y se consolida, el posicionamiento de las personas frente a lo que sucede puede cambiar incluso de manera muy significativa. Después de todo, conocemos desde hace tiempo el trabajo constructivo fisiológico de la mente humana que, ciertamente, no se limita a fotografía lo existente -ni siquiera en los más simples mecanismos de percepción-evaluación- sino precisamente construye, en cierto sentido, la realidad que le rodea.

Una de las muchas modalidades de esta construcción es la atribución de significado a los acontecimientos, hechos y comportamiento de las personas. Un fenómeno que es claramente visible cuando, frente a él, hecho -que, como tal, sería difícil de negar- Se transmiten representaciones y explicaciones diferentes, si no completamente opuestas.. De ahí el impacto que la redes sociales va mucho más allá de la esfera cognitiva - inteligencia y las llamadas funciones superiores - que influyen en el mundo interior y aquellos aspectos de la persona que no están bajo el control de la voluntad y el pensamiento lógico-racional.

Puede ser interesante notar que en el mundo de las organizaciones orientadas al mercado (en particular, las organizaciones multinacionales) las llamadas venta emocional para la proposición de productos y servicios, y hablamos con fluidez de la necesidad de construir - precisamente - uno ficción exitosa en torno a propuestas que van dirigidas a clientes potenciales. los narrativaque narraciones, representan contenidos que, bien gestionados, pueden tener un fuerte impacto en la Público objetivo, y no es casualidad que la importancia de narrativa de comando, entendida como un marco sobre el que se sustentan las comunicaciones, mensajes, órdenes y acciones del mando, encaminadas a involucrar, consolidar y prevenir.

En este contexto nos situamos en la fisonomía contemporánea de lo que durante mucho tiempo se ha catalogado como PSYOPS, Operaciones psicológicasque Operaciones Especiales, un ámbito en el que las acciones de información, desinformación y propaganda han tenido siempre un papel destacado - véase el trabajo realizado porRama de operaciones de moral (MO) de OSS durante la Segunda Guerra Mundial. Lo que hoy -enriquecido y fortalecido por un sinfín de elementos característicos de nuestra época- se identifica como Guerra psicológica o guerra cognitiva.

El sistema de redes sociales -que por un lado son vehículos de mensajes pero, por otro lado, los propios mensajes- se configura como una especie de incubadora de propaganda que, si se activa en las zonas grises de la guerra híbrida, no sólo puede condicionar el presente y el futuro, sino también redefinir y, en cierto sentido, sobrescribir el pasado.

Para hacer efectivo el uso de los medios sociales, se operacionalizan así aquellos conocimientos de psicología social, cognitiva, dinámica y de la personalidad que, por ejemplo, indican las formas de comprometerse con un prejuicio socialmente extendido y construir sobre él una representación ingeniosamente finalizada. puede tomar el lugar -en la percepción-evaluación del sujeto- de la visión previa de la realidad. Y este es solo un ejemplo simple de cómo pueden funcionar las redes sociales.

Así se abre el campo a la pregunta "¿qué hacer?" para contrarrestar el poder deformante del sistema de redes sociales utilizado por estados antiliberales y autocráticos contra las democracias occidentales.

Lo que podría definirse como la condición básica para estructurar una defensa eficaz contra la desinformación en todos sus tipos y formas, transmitida a través de las redes sociales, está relacionada con una dimensión preventiva de género, de carácter social y cultural, con un amplio espectro. Por cierto, un objetivo del Estado democrático debe ser hacer todo lo posible para formar ciudadanos conscientes, participan activamente en la vida social y se distinguen por lo que se define como el carácter de ciudadanía activa.

Ser debidamente educado - en el sentido de continúa de cualquier tipo y a cualquier edad de la vida- te permite desarrollar ese actitud critica hacia la información que llega a los oídos y ojos del receptor que, a su vez, le permite razonar de forma consciente y racional. Una actitud crítica que se aleja de las múltiples y deletéreas formas de conspiración según el cual la primera pregunta que nos viene a la mente es cuyo prodest? (¿quién se beneficia?, ed)

De hecho, se puede decir que donde la sana conciencia crítica no está adecuadamente desarrollada, hay espacio para voces del corredor (como se definen en el mundo de las organizaciones), a las hipótesis pesimistas, a verlo todo con escepticismo, desconfianza, sospecha y cinismo.

Por lo tanto, tener una buena y amplia base (nunca se cubrirá toda la población, por supuesto) de ciudadanos que posean conocimientos y habilidades, hayan adquirido buenos niveles de educación y sepan descodificar los mensajes que vienen del exterior constituyen sin duda un factor básico muy valioso. Por esta razón (y por muchas otras) se debe ver con mucha preocupación el uso distorsionado que los jóvenes (pero no solo) suelen hacer de las redes sociales como TikTok, sino también a datos inquietantes que siguen surgiendo de encuestas sociales como las de Informe de Bienestar de Comercio Justo del ISTAT (2022) que señala en un 23% el porcentaje de jóvenes entre 15 y 29 años que no estudia ni trabaja.

En paralelo Save the Children informó el aumento de dispersión escolar y los desalentadores resultados de las pruebas PISA de la OCDE que se aplican regularmente cada tres años en noventa y tres países a muestras de jóvenes de 2018 años. En 33 (período anterior a la pandemia), el 2021% de los jóvenes italianos de XNUMX años lograron un resultado que indica (entre otras cosas) la presencia de problemas considerables para comprender textos desconocidos de complejidad y extensión media. En XNUMX las pruebas PISA de la OCDE no se han realizado, pero si se evalúa a los estudiantes al final de la escuela secundaria, la insuficiencia de habilidades surge en el 51% de los casos en matemáticas y en el 44% en italiano: la conclusión es que la capacidad de comprender los textos de estos materias es todavía unos años antes, es decir, en el momento del diploma anterior, el de octavo grado.

Son personas de este tipo que, un día, fácilmente podrían ser presa de mensajes distorsionados por la desinformación y de operaciones encaminadas a influir e influir.

Más allá de este requisito básico -sobre el cual, sin embargo, sería necesario intervenir por los diversos aparatos estatales y gubernamentales- la puntualidad de la respuesta el mensaje (o campaña) de desinformación es ciertamente un factor ganador. Lo cierto es que en esta dimensión ya se está en la perspectiva de reacción a algo que ya sucedió o se está desarrollando, así que, en cierto sentido, ya partimos de un hándicap inicial: el campo ya lo han ocupado quienes tienen el propósito de desinformar. Pero si la reacción a los primeros signos de desinformación, a los primeros movimientos destinados a inducir confusión e incertidumbre en el público objetivo, fue oportuna, por un lado, podría limitar su influencia en términos de la cantidad de personas alcanzadas y, por otro, bloquean el desarrollo de los que están en ciernes cámaras de eco que tienden a amplificar y consolidar los mensajes distorsionadores.

Ni que decir tiene que, aun en esta situación, si nos hubiésemos movido en el tiempo, es decir, si el campo lo hubiera ocupado previamente información sonora, inteligible y bien orientada, los mensajes de la otra parte tendrían un espacio limitado de acercamiento. desde el principio y la inserción.

La prontitud de reacción se corresponde con la necesidad de no limitarse a acciones aisladas para contrarrestar la desinformación, sino implementar acción global y de fans, luego usando lo que llamamos el sistema de redes sociales (y no emplear un único y específico medio de comunicación masiva). Repita los mensajes de contraste para superponer el ruido de fondo y el desinformación puede conducir a un reposicionamiento i público objetivo siempre que se apliquen las tácticas adecuadas para cada sector de destinatarios y se activen los canales más adecuados.

Para restaurar una visión de la realidad que responda lo más posible a las expectativas y lo suficientemente fuerte como para contrarrestar los mensajes distorsionadores, falsos o ambiguos, el factor de credibilidad de los remitentes de los mensajes, su autoridad y el análisis crítico de la percepción que los destinatarios tienen (o pueden tener) de ellos. Con respecto a esta última dimensión, hay que tener en cuenta que un tema puede ser creíble para una población objetivo pero completamente gris, anónimo o peor (es decir, poco fiable) para otro objetivo: no especificar este elemento, o confundir emisores y objetivos puede llevar a los efectos boomerang que posteriormente serán difíciles de recuperar.

Donde parezca adecuado a las circunstancias, la comunicación puede transitar sobre impactos con diversos contenidos emocionales y, en todo caso, atendiendo siempre a diferenciar y medir la cantidad-cualidad de la racionalidad, la emotividad y sus gradaciones, por así decirlo, a las que se dirige un mensaje. puede enganchar. Incluso en este caso, no todo el mundo se inclina por seguir comunicaciones lógicas, perfectas en su arquitectura, completas y racionales, pero completamente desprovistas de esa carga de implicación potencial que puede tomar y envolver al destinatario y, por tanto, llevarlo más fácilmente a acogerlo. el contenido del mensaje.

Junto con las actividades de comprobación de hechos (verificación de hechos y fuentes, ed) y de desacreditar (refutación de información o afirmaciones falsas, ed) y, más en general, a las capacidades de previsión con respecto a posibles lanzamientos de mensajes distorsionadores y/o su impacto concreto en las poblaciones ya invertidas por ellos, por lo tanto, es importante subrayar la riesgo de querer contrarrestar la desinformación mediante mensajes de negación fríos, asépticos, cuando no burocráticos. No es casualidad que el estudio de los grandes oradores civiles y militares haya sido siempre objeto de sumo interés en cuanto a las múltiples formas de gestionar los conceptos y la información.

Al final de estos breves apuntes creo importante resaltar que la lucha contra la desinformación transmitida a través de las redes sociales debe tener como objetivo mínimo limitar el daño a la sugestionabilidad de la audiencia - hasta su real infantilización - y la finalidad máxima de trastocar el contexto de referencia, ofreciendo a la propia audiencia las herramientas para decodificar correctamente los mensajes que recibe.

profe. Andrea Castiello d'Antonio (psicólogo clínico, psicoterapeuta, psicólogo ocupacional)

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