Chile, 11 de septiembre de 1973: día del golpe

(Para Andrea Forte)
08/07/21

El golpe chileno es el resultado violento de un partido, cuyos movimientos más importantes fueron realizados por los conspiradores antes del último, el 11 de septiembre de 1973.
Son varios los ríos que han propiciado el golpe de Estado del mar. Uno, quizás el más importante, es de Estados Unidos.

En 1973 en medio de la Guerra Fría, Henry Kissinger, asesor de seguridad nacional del presidente estadounidense Nixon, está convencido de que en Chile es necesario evitar una nueva Cuba en dos sentidos, boicotear cualquier fórmula política, por democrática que sea, que se cuele comunismo (y trae a la URSS en el jardín de Estados Unidos), y hacerlo sin la participación explícita de las fuerzas estadounidenses. De hecho, el camino chileno hacia el socialismo del presidente Salvador Allende pareceÁguila americana un oso ruso.

Estados Unidos decide debilitar a Allende en todos los sentidos y luego permitir que las fuerzas armadas chilenas lo destituyan sin más resistencia. Elegido en 1970, Allende está implementando un programa de izquierda radical, al borde de la constitución, con el que reformar una estructura socioeconómica de élite, a través de nacionalizaciones, aumentos salariales, gasto público. Quiere redistribuir los ingresos y así aumentar el poder adquisitivo y el consumo. Sin embargo, aumentan los déficits, la inflación y la deuda pública.

Comienzan las huelgas. Cuanto más colapsan los fundamentos económicos, más cede la participación social, más polarizadas se vuelven las posiciones.

Las fuerzas armadas, clave tanto para la estabilidad del sistema como para su derrocamiento, cruzan sus propias contradicciones y movimientos con los de la política. En la cúspide del ejército está René Schneider, convencido de la no intervención de las fuerzas militares en la política (esta es la doctrina Schneider). Por esto es asesinado en la década de 70. Allende, sin embargo, nombra a otro general “constitucional”, Carlos Prats, quien incluso se ha convertido en ministro de Defensa e Interior desde 1972. Cualquier líder golpista entiende que involucrar a los militares no es suficiente, necesitan estar en la cima.

El objetivo es desacreditar y reemplazar a Prats. Funciona. Estados Unidos ayuda con embargos, financiación para la oposición y huelgas, sabotaje terrorista, campañas de prensa alarmantes. Los frutos llegan el 22 de agosto de 1973.

Hay dos líneas entre los golpistas. Quien quiere un enfrentamiento directo con el gobierno y quien, pretendiendo apoyar, en realidad trabaja por el mismo objetivo. El golpe.

Es en esta perspectiva que el fallido golpe de Estado de los tanques del 29 de junio de 1973 (il Tanquetazo - foto), que Prats logra asfixiar solo cuando el general Augusto Pinochet induce a los golpistas a deponer las armas.

No está claro cuánto Pinochet planeaba ya su futuro golpe de Estado o cuánto aún era ajeno a la subversión, pero con esta maniobra logra establecerse como leal a Prats y Allende.

La situación degenera con la protesta de las esposas de los oficiales frente a la residencia Prats, el 21 de agosto. Lo ven como un traidor de izquierda. El 22 de agosto Prats se reúne con el comité de generales y les pide una nota oficial de apoyo, pero solo seis de los dieciocho lo apoyan (entre ellos está ambiguamente Pinochet).

Prats mantendría el mando sólo exonerando a los demás, pero sería una guerra civil. Por lo tanto, renunció a Allende, sugiriendo a Pinochet como reemplazo. De los seis generales que apoyaron a Prats, Mario Sepúlveda Squella, comandante de la plaza militar de Santiago y Giullermo Pickering, director de los institutos militares, se percataron de un mecanismo golpista y dimitieron en solidaridad con Prats. Sin embargo, Allende confía y nombra a Pinochet comandante en jefe del ejército. En un día, tres de los generales leales más importantes abandonan la escena y el más ambiguo llega a la cima. El mismo día votó la Cámara de Diputados, denunciando la ilegalidad del gobierno y ofreciendo a las Fuerzas Armadas el dispositivo formal necesario para hacer aparecer un golpe de Estado como defensa de la constitución. El contexto ahora es favorable al golpe.

Pinochet es contactado por los directores golpistas (generales Leigh y Arellano Stark y vicealmirante Merino) el 8 de septiembre. El 9 de septiembre se incorpora Pinochet. ¿Desde cuándo estás de acuerdo? ¿Del Tanquetazo, o solo el último? Todos los movimientos anteriores acreditan, si no una planificación convencida, al menos una intención ambigua y hábil de favorecer las mejores condiciones para un golpe de Estado, del que eventualmente formar parte.

La acción tiene lugar el 11 de septiembre por dos motivos. Las tropas ya están en Santiago para celebrar el 19 de septiembre, el día de la gloria del ejército y sobre todo porque se conmemora el 11 de septiembre de 1924, el día de la instalación de una junta militar teorizando el "destino manifiesto" de las Fuerzas Armadas.

Todo comienza alrededor de las 5.30 de la mañana. Allende duerme en su residencia. Pinochet está al mando de telecomunicaciones del ejército. Desde allí, guía cada movimiento. El comandante de la escuadra naval en Valparaíso ordena a sus barcos atravesar el puerto de la ciudad. Es el anticipo de la ocupación de toda la costa este. El prefecto de la provincia advierte a Allende, quien inmediatamente intenta contactar a todos los comandantes, pero la información llega fragmentada - al mismo tiempo que el golpe se desencadenó el operativo silencioso, el aniquilamiento de todas las radios y televisiones. Allende busca al comandante de la Marina, almirante Raúl Montero, un leal, pero inmediatamente preso.

El nuevo comandante de la Armada es José Merino, el comandante del equipo de Valparaíso, líder golpista de la primera hora. El comandante de la Fuerza Aérea, Gustavo Leigh, no responde, y sobre todo Pinochet no responde. Allende lo considera un leal y por eso ha sido detenido. Le responde el director de los carabineros, traidor con ellos, se confía, José María Sepúlveda, quien lo tranquiliza, enviará refuerzos al Palacio de la Moneda, sede del Gobierno, pero momentos después Sepúlveda es detenido y sustituido por César Mendoza, inspector general de los carabineros, instalado en la Central de Comunicaciones de Carabineros.

Desde casa es imposible hacer más. Allende aglutina a los GAP, grupos de amigos del presidente, es un guardaespaldas hecho por voluntarios de la juventud socialista para su propia protección, precisamente porque no se fía de los carabineros. Con ellos se precipita hacia la Moneda, custodiado por los carabineros, que aún no lo detienen. Por eso también Allende cree que hay fuerzas leales y que solo es necesario contactarlas y coordinarlas. No sabe que el propio Santiago está en manos del general Arellano Stark, el verdadero artífice de la toma de la capital. También cayó el centro universitario de Concepción, desde el cual la extrema izquierda podría haber organizado alguna resistencia. Así Santiago y Concepción, pulmones de cualquier defensa, quedan asfixiados.

Al llegar al edificio, Allende comprende la magnitud de los hechos cuando las Fuerzas Armadas emiten un comunicado conjunto a las 8.30, en el que afirman que han tomado el control del país y ordenan la renuncia del presidente. Habiendo escuchado el comunicado de prensa, carabineros della Moneda decide irse. Son las 9 de la mañana. Allende se niega y por radio Magallanes, el único que aún no ha silenciado, envía un último mensaje de resistencia.

Ahora son las 9.45 de la mañana, comienza el asalto de infantería al palacio presidencial, pero chocan con la resistencia de los huecos. A las 10:20 también se silencia radio Magallenas. Tras horas de combates será Leigh, a las 11.50 horas, quien desbloqueará la situación ordenando el bombardeo aéreo del edificio. En ese momento Allende decide acabar con la resistencia extrema mediante el suicidio, que hace con el AK 47 que le regaló Fidel Castro.

A las 14 horas se produjo el golpe de Estado. Ese mismo día se disuelven el Congreso Nacional y la Audiencia Nacional. Se conforma una junta militar integrada por los tres comandantes de las fuerzas armadas, más el nuevo director general de los carabineros, respectivamente Pinochet, Leigh, Merino y Mendoza.

Esta junta subsume en sí misma los poderes ejecutivo, legislativo y constituyente. Se declara el estado de sitio y el estado de guerra interno.

Que lo que se estaba instalando era un régimen militar y no una ramificación de un poder civil, aunque sea conservador, lo entiende el presidente del Senado Frei, cuando su ordenanza militar va a hablar con los miembros de la junta, convencido de que el La constitución seguía vigente y que, una vez muerto el presidente, le correspondía a él convocar a elecciones. No consigue nada y en la salida ya no encuentra su coche institucional. El Senado ya no existe. Uno simple carabinero señala un taxi ... entiende que el poder civil no puede evitar hacerse a un lado. La noche de Chile ha comenzado.

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